domingo, 14 de septiembre de 2008

Puerto Rico, año 2009 (II)

En mi columna anterior, utilicé referentes históricos recientes para pronosticar un claro triunfo de Luis Fortuño Burset y el anexionista Partido Nuevo Progresista en las elecciones generales de este año. En esta ocasión, les propondré parte del panorama que podemos vislumbrar a raíz del nuevo ascenso al poder del anexionismo boricua.

Pronóstico: Luis Fortuño Burset se convertirá en el gobernador puertorriqueño electo más poderoso, en términos gubernamentales, de los pasados cuarenta años.

Referente histórico: Luis Muñoz Marín (1952-1964). Con la creación del Estado Libre Asociado y como su primer Gobernador electo por el Pueblo, Muñoz Marín se encontró a sí mismo en una posición privilegiada como mandatario. Como ya vimos en una columna anterior (Ideología Suprema I), Muñoz Marín pudo contar desde sus inicios en La Fortaleza con un Tribunal Supremo compuesto mayoritariamente por magistrados afines a su ideología. Tuvo además la oportunidad de nombrar otros funcionarios de gobierno con términos de duración que iban más allá de cuatro años, como es el caso del Contralor.

Fortuño Burset se encontrará, a su llegada a La Fortaleza, en una posición similar. Por primera vez desde los tiempos de Muñoz Marín, un gobernador del ELA tendrá la oportunidad de nombrar una gran cantidad de funcionarios de la más alta jerarquía, que podrían permanecer en sus puestos hasta décadas después de que Fortuño Burset deje la gobernación. Tal es el caso, como vimos en otra columna (Ideología Suprema III) del Tribunal Supremo, donde el anexionismo se prepara para recuperar una mayoría de votos con la que no contaba desde hacía más de medio siglo. Esta “marea azul”, por así decirlo, que se avecina no se limita a nuestro más alto tribunal. El control anexionista de los pasados cuatro años bloqueó además la habilidad del oficialista Partido Popular Democrático para llenar las vacantes que han surgido en los tribunales de Apelaciones y de Primera Instancia. En efecto, el PNP se apresta a controlar la Rama Judicial puertorriqueña como en su momento el PPD de Muñoz Marín pudo hacerlo, décadas atrás.

Pero las posibilidades de Fortuño Burset van todavía más allá. Con su ascenso en enero de 2009, el PNP estará en posición de nombrar al próximo Contralor, a la próxima Procuradora de las Mujeres y al próximo Director de la Oficina de Ética Gubernamental, entre otros; todos ellos, al igual que los miembros de la judicatura, con nombramientos cuyos términos son de una década o más de duración.

Pronóstico: Luis Fortuño Burset se iniciará como un gobernador débil, en términos políticos.

Referente histórico: Pedro Rosselló González entre 1992 y 1993. Desde antes de asumir la gobernación y durante los inicios de su primer término como Gobernador, Rosselló González fue un líder relativamente débil ante la maquinaria de su partido. Dos experiencias sirven para ilustrar el punto; una anterior y la otra posterior a su ascensión a la gobernación. La primera lo fue la claudicación de su apoyo a Zaida Hernández Torres para la candidatura a Comisionado Residente en Washington, ante la embestida de Carlos Romero Barceló. La segunda experiencia lo fue la amarga derrota para Rosselló González en el Senado, controlado por su propio partido, de la nominación de Enid Martínez Moya como Secretaria de Justicia.

Fortuño Burset no se encuentra en una posición más cómoda que en la que estuvo Rosselló González en su camino a la gobernación. Su control del PNP está en tensión con otras fuerzas pujantes dentro del partido, incluyendo las lideradas por los propios Romero Barceló y Rosselló González. La situación que ahora enfrenta con el Representante Jorge de Castro Font, dramatiza el largo camino que Fortuño Burset deberá recorrer para solidificar su control de la maquinaria novoprogresista. Control que nunca será, como no lo ha sido con respecto a ninguno de sus antecesores en la gobernación, comparable al que en su día ejerció Muñoz Marín.

Pronóstico: el ex Gobernador Aníbal Acevedo Vilá enfrentará un futuro incierto, ante la ofensiva desatada en su contra por el gobierno hegemónico de los Estados Unidos en Puerto Rico, según ya vimos en una columna anterior (Entre las fauces de Cronos).

Referentes históricos: Edison Misla Aldarondo; Freddy Valentín Acevedo; Nicolás Nogueras Cartagena. Estos referentes marcan los tres potenciales caminos que puede seguir la vida de Acevedo Vilá tras abandonar la gobernación.

Lo sucedido a Misla Aldarondo es, por supuesto, el panorama más desalentador. El otrora poderoso “Speaker” de la Cámara de Representantes se vio obligado a renunciar, tras semanas de continuos rumores de que era sujeto de una investigación por las autoridades estadounidenses que culminó en su arresto. Cumplió una condena por ello. Valentín Acevedo, por su parte, representa la opción intermedia de aquél que se convierte en colaborador a cambio de un trato leniente por parte del verdadero Poder sobre nuestro País. A pesar de haber sido acusado por cargos similares a los de Misla Aldarondo, Valentín Acevedo no ha pagado al mismo nivel con su libertad.

Tras semanas de una similar ola de rumores, las autoridades estadounidenses montaron el espectáculo de arrestar públicamente y en su residencia al Vicepresidente senatorial Nogueras Cartagena, el día anterior al de su juicio político en el Senado que le costaría la expulsión. Contrario a los referentes anteriores, todos los cargos criminales en contra de Nogueras Cartagena, de similar gravedad a los que hoy enfrenta Acevedo Vilá, se cayeron.

El proceso eleccionario que se avecina tendrá profundas y duraderas implicaciones para nuestro País, sin importar qué tan certeras resulten las proyecciones que ofrezco hoy. Mas como señalé en la columna anterior, la naturaleza humana no cambia; sólo cambian sus protagonistas.

Puerto Rico, año 2009 (I)

Dada la temática de esta columna – nuestra Historia – la misma suele enfocarse en el pasado o en eventos contemporáneos. En esta ocasión, sin embargo, voy a tomarme un riesgo calculado. Voy a especular, no a predecir, sobre el futuro.
Una aclaración previa es de rigor. Para este ejercicio, no he consultado mentalistas, síquicos ni astrólogos. Tampoco he tenido acceso a una herramienta mucho más valiosa, como lo son las encuestas de opinión pública que todos los partidos políticos y muchos candidatos consultan religiosamente, perdonando la expresión, como brújulas para calibrar sus palabras y acciones en la eterna búsqueda de generar simpatía entre el electorado.
A principios del Siglo 16, el diplomático italiano Nicolás Maquiavelo redactó lo que se considera su obra maestra: “El príncipe”. Una de las lecciones más importantes de “El príncipe”, que es un tratado en torno a la obtención y mantenimiento del poder político, es que la naturaleza humana nunca cambia, sin importar la época y las circunstancias. Dicho de otra manera, y no obstante los progresos que muchos países, el nuestro inclusive, han registrado en términos de derechos y democracia, la esencia misma del ser humano, su forma de pensar y de sentir, permanece inalterada.
Por ende, y si bien es cierto que la Historia no se repite, podemos especular con cierto grado de seguridad cual será el Puerto Rico que nos encontraremos el próximo año, a base de situaciones o dinámicas que, en las circunstancias apropiadas, tienden a reproducirse. Desde que a mediados del Siglo 20 Puerto Rico comenzó a elegir su propio Gobernador, hemos experimentado como Pueblo suficientes ciclos electorales como para encontrarnos en este momento con situaciones similares vividas anteriormente, y que nos brindan lecciones en torno a nuestro comportamiento electoral. Con ello en mente, les propondré algunos cuadros del Puerto Rico venidero, seguido por los precedentes históricos que nos permiten, en efecto, regresar al futuro.
Enero de 2009: Luis Fortuño Burset presta juramento como el cuarto Gobernador anexionista en la Historia del País. Su triunfo electoral fue arrollador sobre el incumbente Aníbal Acevedo Vilá, del hasta entonces oficialista Partido Popular Democrático. Contrario a ciertas expectativas, el movimiento “write-in” que impulsaba la candidatura del ex Gobernador Pedro Rosselló González careció de impacto electoral. El Partido Nuevo Progresista controló la Cámara de Representantes y el Senado, además de la mayoría de los municipios, incluyendo San Juan, Bayamón y Ponce.
Referente histórico: Puerto Rico, año 1984. El PPD de Acevedo Vilá en el 2008, es el PNP de Carlos Romero Barceló en 1984. Las semejanzas son tan significativas que no pueden menospreciarse. Debido al tranque electoral de las Elecciones Generales de 1980, muy similar al de 2004, el entonces oficialista PNP perdió el control de los cuerpos legislativos, como igualmente le ocurrió en las últimas elecciones al PPD. Camino al evento electoral de noviembre de 1984, Romero Barceló encabezó un partido debilitado tras ocho años de control por su partido del Poder Ejecutivo. Otro tanto le ocurre ahora a Acevedo Vilá. Como ya vimos en una columna previa (“Aníbal Romero Vilá”), tanto Romero Barceló como Acevedo Vilá se vieron obligados a reprimir movimientos internos de sus propios partidos que iban dirigidos a buscarles sustitutos por su evidente vulnerabilidad electoral. Ambos arrastraban reputaciones políticas laceradas (uno, los sucesos del Cerro Maravilla; el otro, las acusaciones del gobierno estadounidense). Conscientes de su precariedad electoral, ambos buscaron aumentar su apoyo entre el electorado no afiliado a sus partidos. En el caso de Romero Barceló, con su lema “dale tu fuerza a la palma”; en el de Acevedo Vilá, con su mantra del “ELA soberanista”.
Sin pretender menospreciar el atractivo electoral que todavía pueda tener Rosselló González, sus posibilidades de hacer una diferencia electoral no son mejores que las del otro doctor que buscó un fin similar: Hernán Padilla Ramírez. Tras revalidar cómodamente como Alcalde de San Juan, Padilla Ramírez era sin duda una de las figuras políticas más atractivas en Puerto Rico. El bloqueo de su potencial candidatura a la gobernación por Romero Barceló, lo llevó a fundar el Partido de Renovación Puertorriqueña. Para las elecciones de 1984, las posibilidades electorales de Padilla Ramírez eran muy superiores a las que hoy tiene Rosselló González. Contrario a este último, el entonces Alcalde de San Juan estaba en el apogeo de su popularidad electoral. Además, en 1984 enfrentaba a Romero Barceló y a Rafael Hernández Colón; ambos ya figuras erosionadas por sus previos pulseos por la gobernación, como hoy se encuentra Rosselló González. A pesar de esas evidentes ventajas, Padilla Ramírez obtuvo apenas un 4 por ciento del voto para la gobernación.
En 1984, por ende, nació la era en que todavía vivimos de dos partidos dominantes que se alternan en el poder cada 8 años. Hernández Colón (en 1988) y Rosselló González (en 2000) lo aceptaron en su momento y se retiraron voluntariamente. Romero Barceló, al igual que ahora hace Acevedo Vilá, apostó a sí mismo por cuatro años más, y perdió.
En el 2008 se cumplen los 8 años de dominio del PPD. Su debilidad electoral se delata en los empeños de los candidatos populares a la gobernación y a la alcaldía de San Juan, por debatir con sus adversarios novoprogresistas. El interés por debatir es un barómetro que claramente sugiere quién está al frente en las encuestas internas de los partidos políticos, y quién está atrás, probablemente por mucho. Se trata de un indicio adicional de que, con toda probabilidad, 2008 será 1984, y no precisamente el de George Orwell.

"La eminencia prieta"

La situación se repite continuamente en las ferias de artesanías de nuestro País. Me dirijo al área de los afiches y grabados. Allí, encuentro imágenes evocatorias de algunos de nuestros próceres de los siglos XIX y XX. Betances, Hostos, Albizu Campos, Muñoz Rivera, Muñoz Marín y otros, tienen su nicho en el Panteón artesanal, ya sea en grabados, camisetas o esculturas, por su magnetismo ante el público y su reconocimiento como figuras de importancia en nuestra Historia Nacional.
"¿Tendrá usted un Baldorioty?", pregunto, conociendo casi de antemano la respuesta. "No", es la contestación que invariablemente recibo del rostro desconcertado del artesano, con una expresión que lo mismo puede ser de desilusión como de incredulidad. Aparte de la carretera expreso que comunica a Carolina con San Juan, alguna que otra escuela y el cementerio histórico de Ponce, Román Baldorioty de Castro no ha sido sujeto de la atención y el reconocimiento que, merecidamente, reciben otros destacados protagonistas de la puertorriqueñidad. Ni su imagen ni sus logros poseen un lugar prominente dentro de la memoria colectiva nacional. Se le recuerda, sí, pero de lejos, y en ocasiones para criticar sus posturas autonomistas. A su memoria y sus servicios al País, va esta columna.
El descuido en que tenemos la figura de Baldorioty se inicia con las propias circunstancias de su nacimiento. Conforme al historiador José A. Gautier Dapena, Baldorioty nació en Cayey en marzo de 1823, y no en Guaynabo un 28 de febrero de 1822, como invariablemente se repite en diversos textos. Nació en una familia humilde y llevó el apellido de su madre; indicio evidente de que no contó con su padre. A pesar de los grandes obstáculos que enfrentó desde su temprana niñez, el joven Baldorioty logró superarse y estudiar. Con el apoyo de su madre María Baldorioty y bajo la égida del Maestro Rafael Cordero y el Padre Rufo Manuel Fernández, Baldorioty pudo realizar sus estudios primarios en San Juan. Su intelecto y su dedidación le sirvieron para completar sus estudios en Madrid, donde obtuvo una Licenciatura en Ciencias y un Bachillerato en Filosofía. Estudios que logra completar, en parte, gracias al apoyo monetario de la Sociedad de Amigos del País.
Ya desde esa época (1851), Baldorioty comenzó a serle útil a nuestro País, dirigiendo un grupo de estudiantes puertorriqueños en Madrid para recolectar y diseminar documentos históricos sobre Puerto Rico. Completados sus estudios, Baldorioty recibió una oferta para ejercer una cátedra universitaria en Madrid, misma que rechazó para regresar a su patria.
De vuelta en Puerto Rico en 1853, Baldorioty se entregó al servicio público y a la enseñanza. Por sus ideas progresistas y de avanzada, a partir de 1864 comenzó a ser sujeto de persecución por las autoridades coloniales. Mediante escritos públicos y memoriales, criticó el régimen de la libreta de jornaleros que mantenía al campesinado puertorriqueño bajo un régimen de semi-esclavitud. Elegido en 1870 Diputado a las Cortes en Madrid, sus gestiones en dicho parlamento contribuyeron al Decreto de Abolición total de la esclavitud en 1873. En el entretanto, rechazó ofertas remunerativas a cambio de que cesara en su activismo, sufrió penurias monetarias, y tuvo que exiliarse por algún tiempo a Santo Domingo, donde fundó el Colegio Antillano.
De regreso de su exilio, Baldorioty dio impulso a la llamada “autonomía radical” que, inspirada en la relación autonómica entonces existente entre Gran Bretaña y Canadá, significaría para Puerto Rico un grado de auto-gobierno como nunca ha conocido, hasta el día de hoy. Su proyecto para nuestro País contemplaba las más amplias libertades de palabra, culto, asociación, sufragio universal y otras. Bajo su inspiración nació en 1887 el Partido Autonomista Puertorriqueño. Fue en ese mismo llamado “año terrible de 1887” que Baldorioty, junto a otros líderes autonomistas, sufrió torturas y encarcelamiento. Los efectos de ese atropello y las luchas de poder dentro del propio movimiento autonomista minaron su salud, falleciendo un 30 de septiembre de 1889 en su ciudad adoptiva de Ponce.
Conforme al conocido historiador Luis Díaz Soler, Román Baldorioty de Castro fue el puertorriqueño más útil que tuvo nuestro País en el Siglo 19. El relativo olvido en que yace su figura puede deberse a que no se le asocia con los movimientos independentistas de la época. De hecho, el título de esta columna es el apodo que Ramón Emeterio Betances usó para referirse a Baldorioty, en una mezcla de admiración por su intelecto, por un lado, pero también de crítica por su falta de compromiso con el separatismo, y su aparente negativa a aceptar la realidad de que llevaba sangre africana en sus venas. En efecto, Baldorioty era mulato, como antes que él lo fuera el corsario Miguel Enríquez; como lo fue el propio Betances en su época; y como lo sería Pedro Albizu Campos.
El contemplar a Baldorioty en toda su humanidad – con sus defectos y virtudes – no desmerece su figura. Por el contrario, la realza. Conoció el exilio y la cárcel, tras una vida de luchas por forjarse y mantenerse a sí mismo y a su familia, mientras ayudaba a rescatar la Historia patria; educaba a la juventud antillana; defendía a los jornaleros; impulsaba exitosamente la abolición de la esclavitud; e inspiraba la fundación del partido político más importante del Siglo 19. No fue en balde que el apóstol cubano José Martí afirmara “que nunca la libertad fue tan lejos en Puerto Rico que Baldorioty no fuera más lejos que ella”.

Romero Barceló y el Cerro Maravilla

Treinta años después de su ocurrencia, los asesinatos de Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví en el Cerro Maravilla, todavía son objeto del intenso recuerdo del Pueblo puertorriqueño. La asociación histórica de ese evento al ex Gobernador Carlos Romero Barceló (1977-1984), resulta igualmente inevitable. Para bien o para mal, la vinculación de Romero Barceló a ese suceso ha estado matizada por la lucha político-partidista que ha procurado, por un lado, desvincular al ex Gobernador de los hechos y, por el otro, hacerlo directamente responsable por los mismos.
No cabe duda de que, dentro del independentismo puertorriqueño, Romero Barceló resulta ser una figura particularmente adversativa. Durante los 8 años de lo que vino a conocerse como “el Romerato”, el entonces Gobernador desarrolló una política de confrontación contra sus adversarios ideológicos como nunca antes se había visto en el País. El nivel de su retórica y sus acciones desde la Fortaleza fueron de tal amplitud, que no resultaba difícil imaginarle impartiendo una orden de escarmiento contra el independentismo. Ello no obstante, el examen desde una perspectiva histórica de una figura tan compleja como Romero Barceló requiere que nos apartemos del enfoque político-partidista que, por su propia naturaleza, tiende a la simplificación de sus protagonistas. Con 30 años de por medio y el beneficio de la experiencia vivida como Pueblo, en este corto espacio, exploraremos el tema dentro de su contexto histórico.
Como en todo análisis histórico, el marco en que actúan los protagonistas y las circunstancias que les rodean, resulta vital. Al asumir la gobernación de Puerto Rico, Romero Barceló se diferenció de inmediato en el trato a sus adversarios políticos, al compararlo con sus antecesores en la gobernación. A sus características como político y gobernante, debe añadírsele las circunstancias en que le tocó desenvolverse como tal. El Puerto Rico que le tocó gobernar no es el que hoy conocemos, sino aquel en que nuestro País era un escenario de confrontación entre los Estados Unidos, por un lado, y la hoy extinta Unión Soviética y Cuba, por el otro: la llamada Guerra Fría.
La Guerra Fría es, sin duda, uno de los eventos más influyentes en la historia de Puerto Rico, con una duración de 5 décadas. En nuestro caso, supuso la existencia de lo que se ha llamado un “conflicto de baja intensidad”, durante el cual los organismos de inteligencia de los Estados Unidos (la CIA, el FBI, la Inteligencia Naval, etc.), en alianza con elementos derechistas del exilio cubano se enfrentaron, en ocasiones de manera violenta, a fuerzas independentistas boricuas auxiliadas por la Cuba de Fidel Castro Rus. Una buena fuente para explorar esta conflictiva época lo es el libro (y testimonio personal) “La séptima guerra”, de Juan Manuel García Passalacqua. Conforme al relato de García Passalacqua, el Puerto Rico de las décadas de 1970 y 1980 fue escenario de conspiraciones, sabotajes, actos de espionaje y asesinatos políticos, todo ello como resultado de la lucha que los adversarios de la Guerra Fría libraron en nuestro suelo y a espaldas del Pueblo puertorriqueño. Los asesinatos del Cerro Maravilla forman parte de esa guerra no declarada, al igual que las muertes de Santiago Mari Pesquera y Carlos Muñiz Varela, entre otros.
El Gobernador Romero Barceló que enfrentó a la Marina de Guerra estadounidense por sus abusos en Vieques y Culebra, fue el mismo que se alió incondicionalmente a las políticas belicosas de los Estados Unidos durante la Guerra Fría. Al abrazar incondicionalmente la retórica inflamatoria de los juegos de guerra que las dos superpotencias libraban en suelos ajenos, la administración del segundo gobernante anexionista elegido por el Pueblo de Puerto Rico creó las condiciones para que tragedias como la del 25 de julio de 1978 en el Cerro Maravilla tuviesen lugar. Se trató de juegos de “indios y vaqueros”, como con mortal y certera eficiencia lo describiera -si mal no recuerdo- el oficial policíaco que custodiaba al empleado de la estación Rikavisión, Miguel Marte Ruiz, mientras se escuchaba la segunda ráfaga de disparos que en el corazón de Puerto Rico apagaba las vidas de los dos jóvenes independentistas.
¿Es, pues, Romero Barceló personalmente responsable por lo ocurrido en el Cerro Maravilla? Estimo que no. Pero en términos históricos y administrativos, ciertamente lo es. Al dirigir al País por los discursos belicosos de la Guerra Fría, el Gobernador asumió las consecuencias del peligroso juego que sectores de derecha e izquierda, internos y externos, protagonizaron en las críticas décadas de 1960, 1970 y 1980. Más importante, su administración incurrió en la falta del encubrimiento, como las investigaciones posteriores dejaron demostrado.
En este sentido, sin embargo, la responsabilidad por el encubrimiento debe ser igualmente vista desde una perspectiva histórica que vaya más allá de las pasiones partidistas. Nuestra propia experiencia como Pueblo, especialmente durante los 110 años de dominio estadounidense, es que el encubrimiento es un fenómeno histórico persistente. Sucesos tales como Watergate, Irán-Contras y el que involucró a Monica Lewinsky, en los Estados Unidos, son ejemplos consecuentes de que para todo gobierno, siempre existe la tentación de encubrir aquellos eventos de su autoría que puedan tener consecuencias nefastas para su sostenimiento en el poder. Lo ocurrido el 25 de julio en el Cerro Maravilla, no es distinto.