domingo, 25 de diciembre de 2011

El cénit del centauro

Esta columna que está leyendo, no estaba programada. El impasse creado ante la declaración de culpabilidad del senador novoprogresista Héctor Martínez Maldonado por un jurado del tribunal federal estadounidense con sede en Puerto Rico, y la negativa del presidente del Senado Thomas Rivera Schatz a expulsarlo de ese cuerpo, es un suceso histórico que merece nuestra atención y comprensión en su justa medida.
Desde su ingreso a la palestra pública, Rivera Schatz se ha destacado por ser una de las figuras mas fieras de nuestra fauna política. Durante la administración de Sila María Calderón Serra (2001-2004), el hoy presidente del senado participó prominentemente en el famoso motín de 2002 en la Procuradoría de la Mujer. En el terrible período del gobierno compartido bajo el gobernador accidental Aníbal Acevedo Vilá (2005-2008), Rivera Schatz dirigió la fallida ofensiva de su mentor político, Pedro Rosselló González, en pos de lograr para este último la presidencia del Senado. A pesar de no contar con experiencia previa como senador, logró alcanzar a la primera oportunidad la presidencia del Senado para convertirse, como expuse en una columna anterior (“De Hernández Agosto... a Rivera Schatz”), en el líder legislativo más poderoso de las últimas dos décadas. Es además el adversario más formidable que enfrenta el actual gobernador Luis Fortuño Burset.
En estos días, sin embargo, la posición asumida por Rivera Schatz ante la condena federal contra Martínez Maldonado le costó la virtual soledad. Aparte de los senadores novoprogresistas que obedientemente se plegaron a su decisión de defender al colega caído, lo mismo adversarios políticos, que periodistas, que analistas y politólogos, encontraron inexplicable e injustificable su proceder, e incluso proclamaron su suicidio político. Exploraremos una explicación alterna, utilizando como base dos ejemplos históricos recientes. Para ello, parto del principio de que el FBI está nuevamente en pleno uso del instrumento del procesamiento selectivo, como en los casos de Nicolás Nogueras Cartagena, Jorge de Castro Font y otros (según propuse en “El efecto Medusa” y en “Entre Escila y Caribdis”). En efecto, uno de los verdaderos “poderes que son” en el ámbito colonial le está tendiendo un cerco al presidente del Senado, como se evidencia por el arresto federal en enero pasado de dos cercanos colaboradores de Rivera Schatz y, por supuesto, el procesamiento y convicción de Martínez Maldonado. Este patrón no es nada nuevo, bastando un poco de memoria histórica para comprobarlo.
Después de un cuatrienio fuera del Senado, Nicolás Nogueras Cartagena, una de los grandes figuras políticas del Partido Nuevo Progresista, regresó a dicho cuerpo en 1989. Ya para 1993, Nogueras Cartagena se había convertido en vice-presidente del Senado. Poco después, sin embargo, su posición comenzó a tambalearse ante informes de prensa que le atribuían ser sujeto de numerosas investigaciones criminales, tanto a nivel puertorriqueño como estadounidense. Ya para abril de 1996 Nogueras Cartagena enfrentaba un proceso de expulsión del Senado que, a no ser por el espectáculo mediático que protagonizó el FBI estadounidense al arrestarlo frente a su propia residencia y ante las cámaras de televisión apenas horas antes, probablemente habría sobrevivido. El “show” de su mero arresto por el FBI fue suficiente para que un acobardado Senado lo desterrara del cuerpo.
Tras alcanzar la cúspide del poder gracias al más reciente período de gobierno compartido, la carrera política de Jorge de Castro Font sufrió el remezón de acusaciones de la fiscalía de los Estados Unidos en octubre de 2008. Milagrosamente, su candidatura logró sobrevivir ese abrazo de oso, resultando reelecto en virtud del maremoto electoral de noviembre de 2008, pero sólo para finalmente entregarse en enero de 2009 sin jurar su nuevo cargo y sin haber sido juzgado. Como en el caso de Nogueras Cartagena, el Senado aceptó – ya fuere por miedo o por conveniencia – que meras acusaciones por parte de “los federales” fuese suficiente motivo para sacrificar a uno de sus miembros.
La diferencia con casos pasados, por supuesto, es que Rivera Schatz esta vez no se ha acobardado. Su enfrentamiento al todopoderoso FBI, la fiscalía y el tribunal estadounidenses, guarda ecos de gestas que no se veían desde hacía una década, en la medida que le niega el respeto a instituciones coloniales acostumbradas a la pleitesía de quienes temen que mirarlas a los ojos los conviertan en piedra. El incidente Martínez Maldonado es, pues, el más serio y reciente de la confrontación entre el sector anti-colonialista del anexionismo y el poder federal estadounidense, que se inició en abril de 1999 con un error militar en la isla municipio de Vieques.
Por eso, donde otros ven el nadir del presidente senatorial, yo atisbo el cénit del centauro que enfrenta los poderes coloniales que son, en la mejor tradición de Rosselló González y Carlos Romero Barceló.

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